domingo, 13 de marzo de 2016

Cada vez que decimos adiós

Esta canción de Cole Porter, versión de Annie Lennox, me ronda la cabeza en este comeback al blog. ¿Cómo exspresar la tristeza que infrinje una despedida? ¿Cómo se organiza una despedida si no tienes ocasión de decir adiós?
Hablar, lo tengo comprobado, no es la solución para todo. A veces es más sensato dejar que corran las cosas y confiar que el tiempo emborrone el pasado y haga que las heridas no sangren y se pierdan en la tersura de una piel ajada.
Me gustaría poder decirle las últimas palabras, explicar el desasosiego que me provoca no poder hablar con ella nunca más cara a cara, decirle que siempre podrá contar conmigo, que un amigo está por encima de todo. Que perdone mis torpezas, mis impulsos. Hablarle del pequeño infierno que anticipaba cada cita, la ilusión, y la desilusión por anticipado. Ya sabía yo que no podía ser. Y el hecho de plantearlo siquiera es una pesada losa de culpabilidad. Sin hacer nada, sólo relamerse con la posibilidad, era, para mí, una traición. ¿Cómo explicar esa esquizofrenia si no puedes explicarla a ti mismo?
Lo único, al menos, es evitar el daño. Minimizarlo.
Y que se vaya pasando la tristeza.

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