jueves, 16 de octubre de 2008

La tristeza de Dios

A menudo he pensado que el problema que tenemos para entender a Dios es cuestión de su extraño sentido del humor- Un Dios todopoderoso que tiene que castigar con un diluvio, alguien que crea el paraíso de la ignorancia, o que putea directamente al santo Job, tiene que tener un sentido del humor muy cercano a las nuevas generaciones de niñatos del jackass, padre-de-familia, o, al menos, Kevin Smith (no dejen de ver Dogma). El caso más extremo lo veo en la broma de Abraham. ¡Que me mates a tu hijo! Y cuando va a degollarlo.... ¡Es broma...!

Pero, de repente he pensado en la pena que debe sentir cada vez que piense en su hijo en la Tierra. Me imagino, yo que soy padre, que mando a mi niño al super por una botella de aceite y se tropieza y se hace daño. Yo, me sentiría culpable. Siempre me preguntaría, ¿por qué no habrá ido yo? ¿por qué no esperé más tarde? ¿por qué no hice bien la lista de la compra? Imagino la tristeza que debe sentir al ver lo que le hicieron a su hijo. Y que no fue un accidente, ya está, murió, pero no sufrió, el pobrecito... Fue una tortura en toda regla, además, anunciada...

Y pienso en la tristeza de un Dios que no pudo evitar que le hicieran daño a su hijo.