martes, 23 de octubre de 2007

Mi desasosiego

No me gusta sufrir, prefiero mil veces la alegría al enfado, no me gusta la desazón de tener algo pendiente, de estar enfadado con alguien o que alguien esté enfadado conmigo. No soporto esa tensión. Hay quien puede pensar que es cobardía. Sí, puede ser cobardía, pero la prefiero mil veces antes que la arrogancia suicida de acabar con todo por una afrenta. Uno de mis triunfos personales es que me saluden con una sonrisa sincera aquellos que hace años protestaban de mí ante altas esferas. Creo que se queda más por encima cuando no te obligan a ser mala persona. Yo no soy así, yo no dejo de invitar a una persona, no dejo de hablarles, no abandono la cortesía. Eso sí, la complicidad se va perdiendo, se van perdiendo las ganas de compartir con esos otros que te han herido o a los que sabes que has herido. Quizá se enfríe la amistad, pero nunca debería perderse la bondad de las personas. No se puede pretender, quizás que todo vaya siempre bien y que siempre se trate de malentendidos. A veces hay malas personas y somos malas personas, hay que aceptarlo, pero no dejarse doblegar. Todos podemos ser de nuevo respetables y respetados. Que el orgullo no nos ciegue y podamos andar con la cabeza alta porque no hemos sido vengativos ni necesitamos venganza, que sólo la vergüenza de quien ha hecho mal actúe en su conciencia. No necesito nada más. Que el círculo se cierre y vuelva la tranquilidad.

lunes, 22 de octubre de 2007

Ensoñación #13

Caminar por la calle y encontrarte sigue siendo uno de los placeres más impresionantes que el universo puede proporcionar. Que te cojas de mi brazo y vayamos juntos es una sensación mágica. Sentir cómo el aire acompaña nuestro paso causa en el paladar la misma textura que el flan de vainilla cuando se deshace y notas cada uno de los sabores.

¿Por qué tengo ensoñaciones con pasear juntos, agarrarte por la cintura o sentir cómo el calor de tu cuerpo acaricia mi piel a través de la ropa? ¿Por qué no recuerdo los besos, las caricias, la respiración entrecortada y el abismo de tu boca? Es la promesa de un paraíso.

sábado, 20 de octubre de 2007

Ladran, luego cabalgamos

Hoy he encontrado en El País un noticia interesante e inquietante ¿Ciudadanía en clave marxista? que hace referencia al último documento elaborado por la fundacíon FAES. Lo primero que se me ha venido a la mente es "Pobre Zapatero, ahora resulta que es un marxista". ¿De verdad se creen los ppeperos que el PSOE es marxista?

Resulta que el documento Catecismo del buen socialista hace un análisis "exahustivo" de los libros de texto de la nueva asignatura Educación para la Ciudadanía y considera que dichos textos inculcan unas ideas antiliberales, antiamericanas, anticristianas y por supuesto contrarias al PP. Los ejemplos son casi todos de Ediciones del Serbal, algunos de Bruño, Santillana y McGraw-Hill. Por ejemplo, decir que la exportación de jamón a EEUU estaba prohibida es ser antiamericano, o decir que la LOE fue aprobada con el voto en contra del PP es ser antipopular.

Es de risa.
Lo mejor es que lo comprueben ustedes mismos, si el enlace les deja, inisistan un poco (faes en google, etc,).
Lo que más me ha encantado es cuando acusan a Zapatero de inculcar la paz como un bien supremo:

"Su intención real en materia educativa no es otra que adoctrinar a los millones
de escolares españoles y crear así dentro de unos años cohortes de “hombres
nuevos” cuya religión sea el laicismo, con confianza ciega en el Estado, que
gusten de formar colectividades y, sobre todo, que consideren como un bien
supremo la “Paz”
(la de su “proceso de paz” con los terroristas, por ejemplo)."

Las cursivas son mías. Lo siento, debo ser antiamericano, anticristiano y de todo eso, porque pienso que la paz es supremo (recuerden, soy propa-gandhi). Pero, ahora que vengo de misa... no nos hemos dado... la paz...

Seguirmos informando.

Lean el post anterior, please, que me ha salido muy bonito

viernes, 19 de octubre de 2007

El otoño

Las tardes se van haciendo más densas, anochece antes y el cielo se tizna de un azul casi violeta. El aire pesa distinto y el olor de las cosas se torna gris. Todo se prepara para el aletargamiento del invierno. Si no fuera porque todo florece en primavera, ésta sería mi estación preferida.

El otoño en un parque con árboles que se vuelven de rojo, de luces cenitales que dan brillo a los últimos suspiros de la tarde. Todavía puedo andar con las mangas recogidas, todavía puedo ver los rasgos del verano y el bronceado de las pieles no se ha caído del todo. Las mañanas amanecen con la agradable sensación de la comodidad, sin pintarse ni maquillarse. Te entran ganas de abrazarla como cuando tiene la ropa cómoda de la casa y la belleza enciende un destello inesperado. Es la sublime belleza de lo cotidiano, sin máscaras, sin adornos, con la coquetería de quien se sabe hermosa.

La estación del otoño cuando nos preparamos para fundirnos en la chimenea recién encendida, cuando añoramos la cálida sensación de sentirse arropados. El aire todavía exhala esa caricia, todavía te arropa a media tarde, con esa melancolía feliz que te reconcilia contigo mismo. Cuando miras el sol ponerse y eres consciente de esos recuerdos que unen tu vida como pegamento.

Este es el día. Es el otoño

jueves, 18 de octubre de 2007

Una cita encontrada

Algún día contaré algo de Georg Simmel. Hoy me he encontrado una cita increíble hablando sobre la coquetería femenina:

"Ahora bien; la feminidad, vista desde el punto de vista masculino, aparece como un "todavía, no", como una promesa incumplida, una nonata muchedumbre de posibilidades oscuras, que no han logrado apartarse del tronco común y diferenciarse unas de otras lo bastante para hacerse visibles y tangibles"

Pues eso, un brindis por las mujeres

miércoles, 17 de octubre de 2007

De nuevo por aquí. Llevo un mesecito que para mí se queda. He estado terminando todos los trabajos del doctorado, y he ido a Nueva York. Es increíble.

Me vuelve a apetecer mirar. Mirar a través de los ojos de alguien. Sentir la sensación de estar dentro de un sueño. Comprobar que el paisaje tiene un carácter onírico, como si las nubes estuvieran pintadas con algodón y el escenario se fuera a acabar un par de pasos más allá. Las cosas vuelven a encajar poco a poco.

Se acerca una chica con un pantalón de cintura baja y una camiseta estrecha debajo de una rebeca muy ajustada. Se puede advertir su cintura y parte del pecho sobresale por encima de la camiseta. Está paseando un perro pequeño. Cuando dejo la mirada perdida me vuelven los ojos de esta mañana. No recuerdo su nombre, pero unos ojos claros, no es que sean de color azul o verde, pueden ser negros, pero su mirada es clara, firme, como si el mundo sólo estuviera esperando a que ella lo mirase.

Una vieja amiga me cuenta que quiere volver a escribir uno de estos blogs. La verdad es que le estoy muy agradecido. Me metió en esto y lo he utilizado como salvavidas más de una vez.

Es curioso cómo tengo más necesidad de hablar de las cosas más intrascendentes que lo que realmente se puede contar. He viajado y he investigado en estos meses mucho más de lo que he hecho nunca. Pero me apetece más hablar de sensaciones más triviales, quizás más melancólicas, más pequeñas, más nímias, más íntimas.


Acaba de bajarse del coche una mujer muy sexy. De aspecto muy cuidado, no especialmente guapa, pero con un movimiento pausado y con unos pantalones que le marcan la braguita y una jersey de hilo que muestra unos pechos muy apetecibles. Habla muy bajito y lleva bolso de calidad. No puedo reprimirme mirarla por el espejo retrovisor.

Me gustan mucho los rostros dulces.

Nos vendemos de alguna manera, como si luego nos diera vergüenza de vendernos, como si fuera malo ponernos precio y utilizarnos como moneda. Corromperse no es tan malo, es inevitable. Mancharse las manos de la humanidad de otra. No sé, esto no lleva a ninguna parte, pero necesito ordenar lo que pienso.

martes, 16 de octubre de 2007

Un día cualquiera


Escribir en un blog tiene algo de mágico. En un momento te sientas, puedes acordarte de algo, o compartir un vídeo de YouTube. Puede servir para hacer amigos, pero también sirve, a veces, para reordenar tu vida.


Hoy me he estado acordando de Chrissie Hynde. Y del hombro del cantante de los Doors, de Jim Morrison. Ya sé que no tiene mucho sentido, pero para mí, y para alguien más -hace ya casi veinte años-, sí que lo tuvo. Me gusta la voz de Chrissie, me gustaban los Pretenders de Learning To Crawl, por muy criticados que fueran entonces. Y me gustan muchas canciones. Pero sobre todo me gusta la clase de la Hynde, su mirada. Siempre la he considerado muy atractiva.
Cuando escribes un blog estás permanentemente enamorado -o cabreado, o melancólico, o cachondo-, porque vas rebuscando en tí mismo todas aquellas sensaciones en las que te gusta recrearte. Una melodía, una fotografía, un no-sé-qué en el aire que dispara tus ensoñaciones.
Esta tarde ha sido Chrissie Hynde. Mañana podrá ser Casa de Muñecas. Mientras tanto, soñemos con la música de John Cale y un pequeño bar en un despacho de patatas. Unos ojos en un pub de jazz y las luces de neón en una ciudad de ensueño.
Un beso.