sábado, 21 de abril de 2007

Para entretenernos, un cuento

jueves, julio 06, 2006

EL PUEBLO Y EL HADA

Erase una vez un hada que estaba agradecido a un pueblo entero porque le había salvado de un peligro muy, muy gordo. El hada decidió permitir a los habitantes de ese pueblo que le pidiera cada uno un regalo. Todos y cada uno de ellos pidió ser rico. Y el hada, como estaba agradecida, concedió ese regalo.Don Felipe, a la mañana siguiente decidió que no iba a hacerse el desayuno, era rico y podía permitirse bajar a la cafetería de la esquina y tomarse un café y unas tostadas que sabrían más ricas al no tener que prepararlas uno mismo. Pero cuando don Felipe alcanzó la calle se llevó una decepción enorme. La cafetería de la esquina estaba cerrada. Bueno, se dijo, más adelante había un bar donde, menos limpiamente que en la cafetería, también se podía desayunar aceptablemente y sin tener que perder el tiempo en hacérselo uno mismo.Pero, evidentemente, el bar también estaba cerrado. Don Felipe cayó en la cuenta de lo que pasaba. No sólo él había pedido al hada ser rico, sino que seguramente, el dueño de la cafetería y el dueño del bar también había querido el mismo regalo. En la calle se encontraron los tres y decidieron ir a por churros. Pero, ¡también había cerrado!El caos se apoderó del pueblo y pudieron comprobar con asombro que toda la vida económica y social se había desmoronado. Nadie quería trabajar porque ahora todos eran ricos. No podían comer, ni comprar, ni utilizar servicios públicos, ni ir al cine, ni siquiera ir a la biblioteca. Aquel regalo del hada había resultado, cuando menos, decepcionante.Fue tanta la desesperación de los habitantes de tan dichoso pueblo que decidieron convocar una reunión urgente de todos los ciudadanos. En esa reunión, después de mucho discutir y de muchas opiniones enfrentadas, sólo pudieron optar por una solución drástica. Una solución triste, había que pedirle al hada que retornara el regalo y que todo volviera a la situación original. Los pobres seguirían con su pobreza, los ricos disfrutarían de algo de alivio, y todos, invariablemente deberían volver al trabajo y a soñar en silencio, por las noches, con hacerse de nuevo ricos.

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