sábado, 21 de abril de 2007

El modo masculino de ser hombre

JUEVES, DICIEMBRE 07, 2006

El descubrimiento de la identidad es uno de los más importantes procesos filosóficos y existenciales. Los biólogos consideran digno de mención que un chimpancé o que un elefante sea capaz de identificarse entre otros congéneres. Hay teóricos que unen este proceso al de la globalización como un todo. Buscamos identidad como el que busca una madera en medio del mar para agarrarnos con fuerza. Y la identidad de género es una de las más evidentes y buscadas.

El hombre masculino tiene que pasar a ser identificado como tal. Mientras tanto es el género, el Hombre, con mayúsculas es el ser asexuado que engloba los dos géneros y los dos sexos. Siempre me he preguntado por qué las peluquerías que tienen clientes y clientes se llaman unisex, y uno bisex. Si hay un solo género, este es el hombre.

Es una identidad engañosa porque el hombre como ser genérico sirve para designar al margen de su sexualidad, pero uno de los rasgos más evidentes del hombre es su sexo. No sólo porque llama la atención desnudo, sino porque tradicional y testosteronamente el hombre es un ser hambriento de sexo. Por ahora estoy dejando deliberadamente la ambigüedad entre Hombre-genérico y hombre-genérico, como cuando Cortázar anunciaba que, al subir una escalera, hay que tener en cuenta no confundir el pie y el pie.

El proyecto humano tiende a obviar la vida sexual. Los niños prefieren seguir en el limbo antes que saber que sus padres tienen evidentes ganas y práctica. Los adultos preferimos olvidar que nuestros hijos tienen esas mismas necesidades y esos mismos hábitos. El sexo está en el aire, pero preferimos la mascarilla. En ese proyecto, el arquetipo sexual es el femenino. Si queremos hablar de sexo, esto tiene el género hembra. Igual que los personajes de las novelas no orinan ni defecan (menos Gulliver y Gargantgúa), los Hombres no tienen sexo.

Por otro lado el Hombre masculino debe potenciar su potencia sexual, debe hacer ostentación de atributos hormonales y hacer gala de una falta de escrúpulos que llega desde los modales en la mesa hasta las relaciones de pareja. El mundo homosexual tiene los mismos defectos, no se trata tanto de dirigir la mirada sexual como de tenerla a flor de piel.

Por eso es liberador el sexo, porque es un ensayo de romper las normas que anulan al hombre y a la mujer. Por eso prefiero una despedida de soltera en un boys que una panda de tíos derramando piropos ante una artista del striptease. El sexo para la mujer puede ser una transgresión, porque la mujer no debe tener deseo sexual. La mujer debe ser sumisa. El hombre debe defenderla y velar por ella.

Mi intención es escribir esto casi con la mentalidad de sociólogo, aunque bulla por dentro mi autobiografía y que esto es una bitácora, un libro de notas, algo personal que en principio sólo utilizo para ordenar mis propias ideas. Pero no puedo reprimir cierto desánimo, incluso cierta ira.

Crecí creyendo en la Teología de la Liberación porque el párroco de mi pueblo había estado con Monseñor Romero en El Salvador. Crecí leyendo la Casa de Muñecas y con un ejemplar de la Revolución Sexual de Wilheim Reich sin leer, y pensé que la mujer caminaba en igualdad con los hombres. Como siempre, no comprendí nada.

Pensé que los tiempos de la caballerosidad estaban en cuarentena, que la mujer de hoy no quería un caballero andante, sino un caballero con el que andar, un compañero.

Estaba equivocado, la identidad femenina tradicional, la mujer-mujer, también sacaba tajada de este engaño. Todavía recuerdo otro libro de mi biblioteca que no llegué a leer. El varón domado de Esther Vilar. Esta autora preparaba la boutade de que el mundo estaba a los pies de las mujeres, que habían conseguido que el hombre trabajara para ellas y las defendiera, mientras que la mujer se aprovechaba de ese plustrabajo (seguro que no utilizaba ese término pero no desentonaría en la época). A la mujer también le gusta que la protejan, que la defiendan, que la mimen como el ángel del hogar que tanto repugnaba a Nora.

La identidad del travesti está muy clara, imitar ese modelo tradicional de la mujer. Y hay hombres que están de acuerdo con transigir. Y mujeres que están cansadas de luchar y luchar contra los estereotipos y se dejan caer en las mullidas sábanas del fundamentalismo cristiano, islamista o machista... Es un lugar en el mundo, no será el mejor, pero... La presión hacia la meta, hasta conseguir esa utopía masculina de hacer lo mismo del hombre, pero siendo mujer, aportando algo, llevar todo consigo, los miedos, los ancestros, las sensaciones maternas... Una vez en clase provoqué un disparate al cuestionar la existencia de instinto maternal, y hablaba en sentido psicológico de “instinto” frente a cultura...

No sé, ando un poco desorientado y cabreado. Creía que ser sensible era un valor que la mujer quería de verdad, frente al mutismo machista. Creía que la poesía o el arte conectarían con la Mujer. Pero no, la mujer quiere brazos fuerte, manos grandes, testosterona a raudales y de vez en cuando, el poco miramiento, el descuido...

Sé que soy injusto. Buscaba una compañera y caminar juntos. Y me encuentro en la encrucijada de que las nuevas generaciones no sólo no terminan de cambiar el mundo, sino que, además, procuran volver atrás. Si una chica tiene éxito ligando es una “guarra”, una “puta”, para las propias chicas. Hay estudios hechos sobre el uso simbólico de esa palabra.

Si preguntas por qué en los concursos televisivos, ejemplo, Gran Hermano, o también en Operación Triunfo, si hay dos candidatos a perder, siempre la audiencia prefiere al hombre, te contestan que porque votan mujeres.... Pero, porque votan mujeres con el coño, porque podrían votar con la solidaridad y botar al chico. Mujeres al poder...

El modelo masculino de ser hombre está por definir. No creo que haya que decirle a la mujer, a ninguna mujer cómo debe comportarse, qué le debe gustar, o a qué debe aspirar. Y me parece que en esta serie de artículos lo he estado haciendo. Pero, por favor, hay hombres que no tenemos claro que el camino sea el consumismo de crema, gimnasios y cera sea la manera de ser verdaderamente hombres.

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PD. Esta mañana me he levantado viéndolo claro. Mi desconcierto y mi ira ante la mujer-que-no-es-la-nueva-mujer no es más que el ejemplo de la pequeña lucha que yo he debido tener en mi vida. Ser independiente para la mujer es muy difícil, hay que sobreponerse no sólo al mundo de los hombres, al techo de cristal y al suelo de fango, sino también a dejarse caer, a dejarse arrastrar. Y ni todas lo consiguen ni todas quieren conseguirlo. Soy parte de esa contienda, pero en el otro margen del río. Yo también quiero caminar en igualdad, pero no siempre encuentro apoyo. A veces porque ando equivocado, a veces, porque también soy machista –ojo, sin darme cuenta-, y a veces, porque las machistas son otras.

Sé que no tengo derecho a protestar, son pocos los daños comparados con los de la mujer, La Mujer. No importa, hoy lo he superado. Podré llorar en silencio o en compañía, los hombres no llora, yo sí.

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