viernes, 20 de abril de 2007

Dios, si existe, no es mujer

miércoles, marzo 08, 2006

En parte por el día de la mujer trabajadora, y en parte por una deuda con Flu, me decido a abordar este tema con la serenidad habitual de mi talante serio y formal.Después de mucho pensar, que esto en un hombre alcanza el umbral google (de los 3 milisegundos), he llegado a la conclusión de que o bien el hombre es un ser superior - a la mujer-, o bien Dios es hombre, en cuyo caso vendría a ser casi lo mismo. O quizás no, que no estoy diciendo que los hombres seamos dioses. No, eso no.

Me he fijado en la naturaleza, por ejemplo, los pavos reales. Son los machos los que se adornan, pero en el género humano -más humano que género-, hemos conseguido invertirlo y que sean ellas las que se adornen. Por dios, ¡para conquistar a un tío! Que le pones una falda y un tanga a una escoba y tienes a tres tíos intentando ligar con ella. Bueno, pues no solo eso, sino que, además se operan las tetas, perdón los pechos, se depilan o se hacen torturas ya condenadas por la Convención de Ginebra y el Tratado de no proliferación de armas nucleares.

Además, eso de la depilación se hace con sadismo, pelo a pelo, o con cera caliente, que ya solamente eso me parece algo tremebundo. Yo confieso lo que sea antes siquiera de tirar de la cera. Ay.

Sí, que sí, que lo hacen las mujeres para gustarse a sí mismas. Por eso las modelos tienen forma (?) de anoréxica y a los tíos les gustan pechugonas y con curvas. Y ese look de no haber dormido en una celda de castigo norvietnamita.

Dios, además tiene el detalle de darles la regla. Para que encima los tíos pensemos que es la escusa perfecta para no trabajar y quejarse. Así no hay manera. Que si el síndrome premenstrual, que si los dolores de riñones, que si el chocolate...

Los hombres tenemos que afeitarnos, y por eso yo me dejo barba. Las mujeres tienen que hacer desaparecer cualquier resto de vello, en cualquier parte, por inverosímil que sea.

Y cuando las niñas llegan a la pubertad tenemos a los padres haciendo digo donde dije diego. Yo voy a educar a mis hijas igual que si fuera un niño. Pero entonces, llega el miedo a que un chaval salido les haga daño (léase una barriga). Entonces hay que llegar más temprano a casa, no salir sin novio, y si tiene novio mejor no salir...

Después llega la boda y el trabajo. ¿Tienes novio? No vayas a decir que sí, porque entonces no te contratan en el CI (Corte Inglés, que no Coeficiente Intelectual). Luego llega tu cuñada, ¿no vas a tener niños? Y resueltamente contestas, no, primero mi trabajo. Ay, hija, que se te va a pasar el arroz. Que si el reloj biológico, que si los remordimientos.

Aguantas un poco más y compruebas que en el trabajo, los hombres son muy inocentes, pero las mujeres siempre se están malmetiendo. ¡Qué malas son....! Miras por televisión, los niños están más gordos en España, porque, claro, como no pueden comer comida casera porque las madres trabajan... Sus padres -varones- les atiborran de chucherías industriales. La violencia doméstica que es el fruto amargo de la liberación femenina. Si es que van provocando, como ir con la minifalda...

Ojo, hemos llegado al hombre objeto. Concretamente al hombre-sartén, que se calienta inmediatamente, con el fútbol, con las minifaldas, con contradecirle... Y es que siempre se mete una zorra por medio y rompe un matrimonio. Claro, lo iba buscando, lo fue calentando... Lo dicho, el hombre-sartén.

Al final te decides a tener un niño desesperada porque Ramírez (tío, a los tíos siempre por los apellidos), ha alcanzado el ascenso que tú mereces. Tomas tu enoormmeee baja maternal y, con todo el dolor de tu corazón dejas el trabajo. Te quedas en casa sin que tu varón haya tenido el más mínimo remordimiento para irse al curro con los puritos justo al día siguiente de volver del hospital.

Procura, además, no contar lo del parto. Que para eso ya están los tíos contando su mili. Que hay que ver qué posturitas. Si los que parieran fueran tíos, seguro que la posición sería más natural y los médicos tendrían un sótano como los talleres de coches, en vez de ponerse comodamente sentados mientras se ata a un ¡potro! a la pobre parturienta.

Cuatro meses, si has podido y luego volver al tajo. Llega tu cuñada, ¿qué vas a hacer con el niño? Pues, la guardería. ¡Qué lástima, pobrecito, tan pequeño! De nuevo el cargo de conciencia, que tu pareja macho no tiene ni por asomo. Bueno, decides, al final, mandar tu trabajo a la papelera de reciclaje -y Ramirez cobrando trienios-, y te tomas una excedencia encerrada entre pañales y baños. El, moderno él, ayuda.

Tu cuñada, de nuevo, ¿y no vas a trabajar? ¿cómo vais a poder con la hipoteca? El pobre paco/curro/manolo/adolfo, tendrá que hacer horas extras. Claro, como tú no trabajas...

Cuando al final has conseguido conciliar -será de concilio vaticano?- la vida familiar y laboral, te llega el momento de la menopausia. Las hormonas se vuelven a disparar, todo se descontrola, los sofocos, la pérdida ósea, los follones, la pérdida de lo bueno, la ley de la gravedad afectando a todo... Y yo que creo que la pitopausia esa es un rollo de los tíos para no cumplir con la pariente. No hay que preocuparse, los médicos, varones, tienen la solución: las hormonas.... que son cancerígenas, bueno, pero previenen la osteoporosis. Hostiaporosis habría que darle a más de uno...Y si tienes suerte cuidas de tu madre o padre, y si no la tienes, de tu suegra o de tu suegro. A fin de cuentas, las profesiones dignas de tu condición femenina son las de maestra -dentro y fuera del aula-, cuidadora -de niños y ancianos- y de cocinera. Los artistas son los chefs -varones ellos-.

Y encima pensamos que es problema del mundo árabe.... Que se lo pregunten a San Pedro o a San Josemaría¿Dios lo sabe todo? ¿Ha pillado el asunto? Quizás es que tenga un sentido del humor que no pillamos. Pero desde nuevo, si es mujer, tiene la mala leche propia de las mujeres.

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