sábado, 21 de abril de 2007

aprendiendo la indefensión

MIÉRCOLES, DICIEMBRE 13, 2006

Los profesores de Ciencias Sociales, imagino que como los de filosofía o los de lengua, nos enfrentamos, a veces, a lo desconocido. A algunas reacciones que nos dejan fuera de lugar, algunas frases, algunas actitudes, algunos comportamientos que no son importantes en sí, sino porque evidencian una realidad que, como hoy, nos aturde.

Me estoy enfrentando en 2º de ESO (13-14 años) al tema de la política. Los partidos políticos, sindicatos, representación democrática, la Constitución y las comunidades autónomas. No sé si me explico. Uno, evidentemente, tiene que dejar fuera sus convicciones políticas e intentar explicar las cosas con neutralidad. Lo único que creo que debo inculcarles es el valor de la democracia y la participación activa en una sociedad plural. El resto del tema son contenidos sobre los que no es necesario opinar. Número de senadores o composición de las cortes...

Estoy tan acostumbrado a escuchar a los niños que no les interesa la política que he pasado por alto lo que eso significa. Permitidme que me extienda y me vaya un poco por los cerros de Úbeda. En estos casos suelo decirles a modo de refrán que si no nos interesamos por la política, en la política acabarán los interesados. Los chicos y chicas se aburren, no entienden y lo que es peor, no quieren entender. Siempre me ha maravillado que los chicos sean capaces de aprenderse todo lo relacionado con el fútbol (2º deporte más aburrido del planeta) y no sean capaces de reconocer a los que rigen los destino de este nuestro suelo patrio.

Dicen que las noticias de política son aburridas. Y por lo menos, digo yo, que los participantes son siempre los mismos, que en fútbol, unas veces un jugador está en un equipo y otras veces en otro, ¡y ellos son capaces de aclararse! Lo digo con un poquito de sorna, porque entiendo que las cuestiones partidistas aburren al más interesado. Los políticos profesionales deberían tomar buena nota. O quizás ya lo han hecho (este sería tema para otro post).

De repente estaba explicando no-sé-qué de un tema que diferencia a la Izquierda de la Derecha, y una chica dijo, “Yo soy liberal, soy de derechas”. Y le pregunté, ¿por qué sabes que eres de derechas?. No supo o no quiso responder. Y entonces lo vi claro. Es más fácil que seamos de un equipo de fútbol que de una ideología política. Ella entonces dijo claramente, “yo soy más del Madrid, que de Derechas”.

Las lealtades políticas se aprenden como se aprenden las futbolísticas. Una vez vi en Sevilla a una madre intentando inculcar a su hijo de unos dos o tres años, su amor por el Betis. Pasábamos por el estadio del Sevilla y la madre le decía: “hijo, di, Sevilla caca”. Y el niño guasón decía, evidentemente, “Betis, caca”. Y a la madre se la llevaban los demonios.

En cuestiones de política los hijos también demuestran las cosas que escuchan en casa, pero me sigue llamando la atención que sea más importante el deporte rey, que el rey en política. La socialización política se limita, en la mayoría de los casos a cagarse en los muertos-de-los-catalanes-cabrones-que-se-vayan-de-esPaña-ya. El nacionalismo, o mejor, el necionalismo más radical, que sospecho no entiende de lealtades a la patria grande o chica. Independientemente de si se defiende la España constitucional o la de Franco. No están en EsPaña, ¡que se jodan y hablen español, coño!

Bueno, el nacionalismo da para otro libro. Volvamos a la clase de hoy.

Todos los chichos y chicas que intervenían en clase (un nutrido contingente se dedicaba a tontear, y es que muchos adolescentes no pertenecen a la especie humana, sino que son sacos de hormonas exultantes), decía que todos los políticos eran iguales, que todos se dedicaban a robar y todas esas cosas. Y yo que, al menos tengo una conciencia democrática en negativo, intento hacerles ver que si es cierto que un político demuestra cierta deshonestidad, se puede cambiar. Claro que para ellos, cuatro años es la vida entera. Sí, hombre, para que llegue otro igual. Y yo, por mi parte, bueno, si el otro quiere durar más que el primero, ya procurará robar menos o incluso ser honesto. Y nada. Todos están convencidos de que no hay remedio.

Si la juventud es el futuro, lo tenemos bastante negro, señores.

Pero eso no es lo grave, ya lo llevo escuchando muchos años. Lo grave es que se trata de lo que en psicología se llama “indefensión aprendida”. La indefensión aprendida es el reflejo de alguien que harto de luchar y fracasar, acepta que todo le va a hacer daño y se muestra dócil. Un perrillo apaleado que cuando llega el violento amo, se pone en disposición de que lo monten. Estamos tan apaleados por los políticos, tan acostumbrados a que nos mientan, nos estafen, nos metan en Europa sin permiso, o que no nos saquen de la OTAN que prometan puestos de trabajo o diálogo y al final acaben todos presidiendo consejos de administración o viviendo de las rentas de cuentas secretas en Suiza. He escuchado que no sé qué presidente del gobierno se compró una isla entera. O los alcaldes que salen por televisión que han hecho fortuna con pelotazos inmobiliarios.

Ya, estamos desilusionados. ESTAMOS, los adultos, los de la generación desencantada de la política tras la transición. Estos chicos tienen 13 años y ya están de vuelta de todo. ¿No es peligroso? ¿No da pena, rabia y frustración? No es su indefensión aprendida, es NUESTRA indefensión. Y hemos conseguido transmitírsela.

Nota: Y luego, para que la Conferencia Episcopal diga que la Religión es parte fundamental en la formación integral del individuo. Una persona puede vivir sin religión, pero no puede evitar la política. ¿Proponemos clase de política? (otro post pendiente)

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